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La "miss" galleguista y las galletas de Tui

No día de onte, domingo 9 de xaneiro, o suplemento “Mercados” de La Voz de Galicia publicaba na súa sección “Historias de Galicia” un moi interesante traballo do xornalista e economista Fernando Salgado sobre a fábrica de galletas tudense “La Peninsular”, propiedade da familia Oliveira, e que tan íntimamente está vencellada á historia da nosa cidade. Sen embargo, como en tantos outros casos, carecemos dalgun estudo que nos achegue ao coñemento da historia e avatares desta fábrica tudense e que organice dalgun xeito as lembranzas que moitos dos nosos veciños conservan desta importante

industria tudense. Un dos escasos exemplos da industrialización na nosa cidade. Outro tanto podemos dicir da familia Oliveira e especialmente de Juan Alberto Oliveira Pereira, que conforma un dos máis amplos capítulos do pasado século na nosa cidade: empresario, presidente da Cámara de Comercio, xornalista, consul de Portugal, animador de numerosas sociedades e inicitivas de todo tipo...

Axolá que este post en Tudensia sirva para que os nosos lectores poidan aportar noticias e datos sobre esta afamada fábrica de galletas na que laboraron tantos e tantos tudenses, escenario tamén nas primeiras décadas do século XX de conflitos laborais e escenario tamén da aplicación de novas técnicas industriais e de marqueting empresarial, anovadoras no seu momento.

Curiosamente, ou acaso non, na edición de Galicia do diario "El Pais" editábase unha reportaxe do xornalista e investigador de Porriño, animador da revista “Malladoura”, Diego Giraldez, sobre a mesma temática: “Miss España y galleguista”, aínda que neste caso máis centrado na historia personal de Emilia Docet pero con alguna outra nota sobre a nosa cidade e as súas festas. Ao final deste post poden atopar os interesados o enlace para a lectura deste traballo.


Imaxe que acompaña ao artigo de "La Voz de Galicia"

La “miss” galleguista y las galletas de Tui

La fascinante figura de la viguesa Emilia Docet destruye todos los tópicos y estereotipos asociados a los certámenes de belleza. Moderna, deportista y cuta, cuando en 1933 fue elegida Señorita España –asi, en español cervantino, se llamaba a las mises de la época- no dudó en poner su entorme popularidad al servicio del ideario galleguista y de la economía de su tierra.

Fernando Salgado

El editorial “Defendamos a nosa economía” de mayo de 1934 de “A Nosa Terra” ofrecía un listado de productos gallegos y exhortaba a consumirlos. Entre los diversos artículos genéricos que enumeraba, incluía solo tres marcas: Galletas La Peninsular de Tui, jabones y cremas para el afeitado de A Toxa y bicicletas Honor, frabricadas en Santiago por Honorio Pérez.

Emilia Docet, aprovechando la popularidad que le confería el título de Miss España, fue más allá en la reivindicación de los productos gallegos. Muy pronto su deslumbrante imagen aparece en la publicidad de las galletas La Penínsular: “Me gustan muchas cosas que me callo y algunas otras que he dicho –rezaba el anuncio-, pero lo que me confieso, para no arrepentirme, es que la galleta Pitusín de La Peninsular me causa tanta satisfacción como el título de Miss España”.

Este título, por aquel entonces ajeno a connotaciones vejatorias, fue acogido y festejado como propio por los galleguistas de la época, con Vicente Risco a la cabeza. Suponía el reconocimiento a la hermosura de una jóven del Partido Galeguista y que pronto, el 25 de julio de 1934, compartiría tribuna con Catelao, Bóveda y Otero Pedrayo en el famoso Mitín das Arengas. A la consumada deportista que enseñaba un nuevo estilo de natación, el “crawl”, en el Club Náutico de A Coruña, a la combativa sindicalista que se entrevistaba con el ministro de Agricultura y le pedía que levantase el embargo a 7.000 campesinos gallegos, avalistas de un préstamo para construir un matadero en Porriño.

Emilia Docet tenía 20 años cuando accedió al trono, exactamente la misma edad que la fábrica de galletas cuyas excelencias proclamaba. Ambas nacieron en 1913. La factoría de La Peninsular, construida en la aldea tudense de Pazos de Reis, estaba “compuesta por tres pabellones que albergaban un horno de cadenas, un almacén de envases y un taller de hojalatería”, según el profesor Moreno Lázaro. Y aunque la constitución de la sociedad la firma José Rodríguez Vila –yerno del fundador-, la génesis, el desarrollo y el cierre de La Peninsular están vinculados a tres generaciones de los Oliveira, familia de origen portugués que se estableció en Tui a principios del siglo pasado.

La saga la inaugura el lisboeta Joao Bento de Oliveira. Contratado en 1901 para instalar una fábrica de galletas en el estado brasileño de Pernambuco, en 1911 llega a Tui, donde años antes se habían establecido su mujer y sus seis hijos. Joao Bento, que había ahorrado hasta el último céntimo de su remuneración Brasil, y su yerno José Rodríguez Vila fundan La Peninsular. La segunda etapa corresponde a Juan Alberto de Oliveira Pereira. Su cuñado José Rodríguez Vila y su hermana Aurora se han quedado en Madrid, donde una tisis galopante les ha arrebatado a su único hijo, y Juan Alberto asume las riendas. Nuevos socios se incorporan a la empresa. Primero el vallisoletano Alberto Valencia, que llega avalado por la banca Simeón y después, a partir de 1927, Pepe Garra, otro yerno de Joao Bento que sería alcalde de Tui en los primeros años de la II República y posteriormente juzgado por rebelión militar.

La empresa funcionó a toda máquina, especialmente durante la guerra civil. La Peninsular se convierte en pieza fundamental de la despensa que abastece a las tropas franquistas y atraviesa su época de mayor esplendor. Tras un paréntesis de inactividad una vez rematada la contienda, el resurgimiento se produce a finales de los años cuanrenta y se extiende en la década siguiente, hasta que el proceso de liberalización da al traste con la industria galletera de Tui.

La Peninsular naufraga con la tercera generación. Su último capitán, Juan José de Oliveira Viéitez, prefiere los caballos a las galletas. Y a lomos de los caballos conquistará, a partir de 1969, su prestigio internacional como escultor.

Oliveira, intérprete y chófer de Lindbergh

El 13 de noviembre de 1933, uno dxe los personajes más célebres del siglo XX –Charles A. Lindgergh- se cruza en el camino de Juan Alberto de Oliveira Pereira. El hidroavión “Albatros”, pilotado por el mítico aviador y su esposa, Ann Morrow, se ha posado en aguas del Miño entre Tui y Valença debido a una tormenta. Y Oliveira, que posee automovil, domina el inglés y además ejerce el periodismo como corresponsal de El Pueblo Gallego, se convierte durante dos días en guía, conductor e interprete de la famosa pareja. Pero al propietario de La Peninsular le gusta apretar el acelerador y, sorprendentemente, al pionero de la aviación le atemoriza la velocidad... por tierra. La anécdota merece la pena. El coche había alcanzado los 90 kilómetros por hora, en un viaje de Valença a Tui y entonces “Oliveira preguntó al coronel, que se sentaba a su lado:

- Supongo que a ustedes, que vuelan a menudo a 250 kilómetros por hora, esta marcha les ha de parecer un tranquilo viaje...

- No lo crea –replicó Lindbergh-. Mi señora está asustada. ¡No sabe usted el mal rato que le hacen pasar las grandes velocidades en autoóvil! Le aseguro que, en este instante, no tiene confianza alguna en usted”.

Ann Morrow escribirá un año más tarde, en “National Geographic” que aquel fabricante de galletas de Tui hablaba inglés “en una extraña mezcal de portugués y neoyorquino”.

Editado en suplemento “Mercados” de La Voz de Galicia, domingo 9 de xaneiro de 2010. Non atopamos edición dixital do mesmo.


O artigo de Diego Giraldez en El Pais, “Miss España y galleguista” pódese consultar en:

Comentarios

  1. Me encantó esta historia. Recuerdo las galletas Maria de esta fábrica que comía en mi ñiñez. Me las traía mi hermano Pepe, factor de Renfe en Tui,le regalaban cajas de galletas partidas. Guapa si que era la miss.
    Pero no la engañaron para que se bañara en Tui en las Fiestas de San Telmo. Fantástico, como siempre.

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