miércoles, 22 de junio de 2011

O tudense Enrique Pérez Serantes, arcebispo de Santiago e Primado de Cuba


O pasado lúns asistimos no Club Faro de Vigo á presentación do libro “Iglesia y revolución en Cuba. Pérez Serantes, el obispo de salvó a Fidel Castro” (Ediciones Encuentro, 2011) que ten acadado o Premio de Investigación Histórica Jovellanos 2011. O seu autor, o historiador Ignacio Uría, fixo unha moi interesante achega ao contido da súa obra que conforma unha auténtica biografía de Enrique Pérez Serantes, un tudense que chegou a ser arcebispo de Santiago de Cuba e Primado da Igrexa daquela illa. No Faro de Vigo do pasado martes poden os interesados achegarse ao contido desta presentación (http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2011/06/21/uria-tudense-perez-serantes-obispo-revolucion-salvo-fidel/556274.html)



Pero a “Tudensia” o que nos interesa de xeito especial é recuperar para a memoria local o nome deste tudense ata agora, e pese a que pasaron escasamente corenta anos da súa morte, practicamente ignorado na súa terra natal. Eu coñecía unicamente unha referencia illada atopada hai xa tempo nun páxina de biografías de eclesiásticos, pero que escasamente reflectía a importancia que Pérez Serantes tivo na Igrexa e na vida cubana nos decisivos anos do pasado século.
Nado en Tui, fillo dun Garda Civil, pasou a súa infancia na cidade tudense, vivindo nas proximidades da igrexa de San Domingos, ata que a súa familia desprázase á sua terra de procedencia, Celanova, e ao pouco ingresa no Seminario Menor de Ourense ata que, para fuxir da súa incorporación aos continxentes da Guerra de África, emigra a Cuba onde continúa a sua formación eclesiástica.
Temos pois que engadir o nome de Enrique Pérez Serantes aos de Antonio Mauricio Pazos Figueroa, Gregorio Parcero de Castro, Telmo Maceira Pazos, José Avila y la Cueva, Manuel Lago González, Florencio Cerviño, Rosendo Salvado e Prudencio Areal Alonso, todos eles tudenses, que ocuparon tamén unha sede episcopal.
Agradecemos a Ignacio Uría o seu traballo que nos desvela a figura deste arcebispo tudense. Pendentes de ler a devandita obra de investigación e de coñecer polo miúdo a figura de Pérez Serantes, achegamos a recente entrada sobre Enrique Perez Serantes que figura na Wikipedia.



Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba y primado de la Iglesia católica cubana entre 1948 y 1968, nació en Tui el 29 de noviembre de 1883 y falleció en Santiago de Cuba el 18 de abril de 1968.
Hijo de una familia de agricultores gallegos, Enrique era el mayor de tres hermanos (Cesáreo y Regina). Estudió en el Seminario Conciliar de Orense entre 1897 y 1901. Este último año emigró a La Habana (Cuba) para evitar el reclutamiento militar. En 1902 se trasladó a Roma para estudiar en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde se doctoró en 1910 de Sagrada Teología, Derecho Canónico y Filosofía Eclesiástica. Fue residente del Colegio Pio Latino Americano.
Fue ordenado sacerdote el 11 de septiembre de 1910 por el obispo de La Habana, monseñor Pedro González Estrada, que le nombró profesor del Real Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio. El 6 de julio de 1918 fue nombrado gobernador eclesiástico de la diócesis de Cienfuegos por Valentín Zubizarreta, entonces obispo de la diócesis de Camagüey, cargo que suponía atribuciones equivalentes a las episcopales.
Sacerdote de honda preocupación social, era habitual encontrar sus artículos en la prensa cubana de la época, donde no rehuía ningún asunto de actualidad. Así, sobre el derecho de huelga escribió en 1914 en el Diario de la Marina : "El obrero tiene derecho a los medios necesarios y legítimos que a este fin conducen […] y si no los puede ejercer es justa la huelga, tiene derecho a la huelga y hasta necesidad, pues tiene obligación de conservar la vida de sus hijos y es la huelga un medio legítimo y hasta pacífico”.
Obispo de Camagüey (1922-1948)
El 13 de agosto de 1922 fue ordenado obispo de Camagüey por su precedesor, Valentín Zubizarreta. Se convirtió así, con 38 años, en el segundo prelado de una provincia de diócesis de 26.346 km2 creada por Pío X en 1912. Según el censo provincial de ese año, en Camagüey había 228.913 habitantes, atendidos en quince parroquias y nueve iglesias no parroquiales.
Durante los 26 años que estuvo al frente de esa diócesis, donde se caracterizó por su gran actividad constructora, ya que impulsó 50 nuevos templos entre iglesias y capillas, tanto en la capital como en el resto de la provincia. Sin embargo, el hecho que mejor definió a Pérez Serantes fue su decidida actuación tras el devastador ciclón de Santa Cruz del Sur, en 1932. En él murieron más de 3.000 cubanos y el propio obispo participó en las tareas de rescate, además de alojar durante meses a los heridos en el obispado, que había sido un hospital militar español. Esa actuación le valió el reconocimiento popular en toda la Isla y la concesión de la nacionalidad cubana por parte del gobierno republicano. Con ese pasaporte viajó el resto de su vida.
También de los tiempos de Camagüey es su amistad con el P. Rafael Guízar, hoy santo, que influyó poderosamente en la faceta misionera de Pérez Serantes. Mexicano de nacimiento, el ejemplo del P. Guízar le impulsó a promover escuelas profesionales para mujeres y reclamar la escolarización de los hijos de los obreros, muchos de ellos trabajadores ilegales. Junto a esta preocupación social, su gobierno se caracterizó por el apoyo entusiasta que dio a la Acción Católica cubana y su creciente influencia en la Conferencia de Obispos, antecedente de la actual Conferencia Episcopal.

Arzobispo de Santiago y Primado de la Iglesia de Cuba (1949-1968)
El 8 de enero de 1949, a los 66 años edad, Enrique Pérez Serantes fue promovido a la sede primada de Santiago de Cuba en sustitución del fallecido Valentín Zubizarreta. Tomó posesión el 5 de marzo de ese mismo año y permaneció al frente de la primera archidióceis cubana hasta su fallecimiento en 1968.
En esas dos décadas vivió en primera persona turbulentos sucesos políticos y sociales, siempre con un papel mediador y crítico con los abusos de poder. En especial, a partir del 26 de julio de 1953, día del asalto en Santiago de Cuba al cuartel Moncada –segunda fortaleza del país- por un grupo de rebeldes liderado por un joven Fidel Castro de 26 años.
Esta es una fecha capital en la biografía de Enrique Pérez Serantes, ya que en los días posteriores al ataque fue requerido por las fuerzas vivas de Cuba para evitar que Castro fuera fusilado. En esa misión llegó incluso a participar personalmente en la búsqueda del lider rebelde, que se escondió en las cercanías de la capital oriental hasta su rendición una vez que supo que Pérez Serantes era el garante de su vida.
Durante la década de 1950, el arzobispo oriental tejió un fuerte vínculo con el Movimiento 26 de Julio, grupo guerrillero alzado contra la dictadura del general Fulgencio Batista. A las reiteradas denuncias de Pérez Serantes de la violencia existente en Cuba, se unió su colaboración con el movimiento rebelde, en el que había una amplia mayoría de católicos, sobre todo en las ciudades, liderados por Frank Pais.

Pérez Serantes y la Revolución Cubana (1959-1968)
Ese respaldo expreso a los insurrectos fue reconocido el 1 de enero de 1959, día de la victoria, por Fidel Castro, al que el prelado calificó como “hombre de dotes excepcionales”. En su legendario discurso de la noche del 1 al 2 de enero, Castro invitó a Pérez Serantes a aparecer junto a él en el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, justo enfrente de la catedral, que abrió sus puertas para que el líder cubano pudiera ver el sagrario en todo momento. Poco tiempo después, Castro afirmó en la prensa "Los católicos de Cuba han prestado su más decidida colaboración a la causa de la libertad" y, sobre la jerarquía eclesiástica, aseguró: "Yo les digo que esta es una revolución socialista sui generis y no tienen más que fijarse en el siguiente detalle: Es la primera revolución de este tipo en todo el mundo que se inicia con el apoyo total de la Iglesia".
Sin embargo, la progresiva influencia del ala comunista del 26 de Julio convirtió a Pérez Serantes en un duro opositor, en especial tras el multitudinario Congreso Católico Nacional de noviembre de 1959, en el que un millón de personas se reunió en La Habana protestar por el giro prosoviético de la revolución. Esa demostración de fuerza retrasó los planes de Castro de establecer en 1960 un régimen comunista en Cuba, pero la errática actuación de los EEUU durante la presidencia de John F. Kennedy ofreció a Fidel Castro una coartada perfecta para entrar en la órbita soviética.
1961 fue un año crítico para los católicos cubanos, perseguidos sobre todo tras el fracasado intento de invasión de Playa Girón. A las miles de detenciones preventivas que ordenó la dictadura cubana se unió el hostigamiento a la Jerarquía católica, algunos de cuyos representantes fueron encarcelados. En ese escenario el arzobispo Pérez Serantes publicó una docena de pastorales (algunas famosas en su tiempo, siquiera por títulos tan provocadores como Roma o Moscú o Ni parias ni traidores) en los que criticaba los ataques a la libertad de enseñanza, la nacionalizaciones sin indemnización o una reforma agraria que despojaba de tierra a muchos pequeños propietarios.
Dos de esas pastorales fueron analizadas personalmente por los presidentes norteamericanos Dwight Eisenhower y John Kennedy en sendas reuniones con sus servicios de inteligencia, como ha demostrado el investigador de Georgetown University y Premio internacional Jovellanos de Historia 2010, Ignacio Uria, en su libro Iglesia y revolución en Cuba.
A partir de ese momento, el régimen cubano se centró en desmantelar cualquier tipo de organización que amenazara el proceso dirigido por los hermanos Castro y Ernesto Guevara. Poco a poco cayeron la oposición democrática y los médios de comunicación, al tiempo que la Iglesia católica vio desmoronarse sus asociaciones laicales (la Juventud Católica Obrera, la Acción Católica) y cómo se cerraban sus colegios y hospitales.
Anciano y enfermo, Pérez Serantes no pudo acudir al Concilio Vaticano II, pero en 1966 presentó su dimisión a Pablo VI, que la rechazó, no sin antes nombrar como obispo auxiliar de la archidiócesis de Santiago de Cuba al sacerdote oriental Pedro Meurice Estiu, más tarde arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia Episcopal cubana.
Hombre de profundas convicciones, Enrique Pérez Serantes falleció en el Sanatorio de la Colonia Española de Santiago de Cuba el 18 de abril de 1968. Desde 2004 sus restos descansan en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santiago de Cuba.
http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_P%C3%A9rez_Serantes


sábado, 18 de junio de 2011

Ulpiano Benito Piña, farmacéutico en Tui e Cuba

Recollemos hoxe en “Tudensia” senllos artigos periodísticos dedicados á figura do farmacéutico tudense, Ulpiano Piña, destacado militante republicano nos anos treinta en Tui e que tivo de fuxir ao comezo da guerra civil por mor da represión desenvolvida polas tropas franquistas. Unhas achegas que nos ilustran sobre esta personalidade, certamente de grande interese da nosa historia contemporánea. Por mágoa cómprenos aos tudenses recuperar moitos nomes salientables do noso pasado, tanto recente como remoto, ata agora esquecidos.



Ulpiano Piña, un protector gallego de indígenas en Cuba
Luchó contra el analfabetismo y trató a la población contra el paludismo, la sífilis y la lepra
Faro de Vigo, martes 14 de junio de 2011

























 Luís Hatuhey Piña Castiñeira con la foto de Ulpiano Piña, su padre. // E.G.

Un farmacéutico casado con una tudense, que tuvo establecimiento en Tui, llevó la civilización hasta el valle de Caujerí, situado entre Guantánamo y Baracoa, en Cuba, lugar lejano y paradisíaco donde logró vivir a salvo de la persecución política que tuvo en Tui, en el año 1936, por sus ideas políticas republicanas. Su hijo menor, nacido en aquellas tierras, relata la vida de película que protagonizó su progenitor, un enigmático personaje.
EVA GONZÁLEZ - TUI El farmacéutico Ulpiano Benito Piña, que ejerció en Tui en el año 1936, se convirtió en un altruista benefactor de indígenas cubanos en el paradisíaco valle de Caujerí, situado entre Guantánamo y Baracoa, en Cuba, lugar en el que vivió a salvo después de huir de España donde le persiguieron por sus ideas políticas republicanas.
Su hijo Luís Hatuhey Piña Castiñeira, de 72 años de edad, da a conocer la vida aventurera de su progenitor, un enigmático personaje, al que describe como "hombre de pocas palabras" y del que supo aspectos de su juventud a través de su madre y segunda esposa de Ulpiano, Carmen Castiñeira Fernández, de Tui.
El matrimonio fue una bendición para los 5.000 habitantes del valle de Caujerí, lugar al que sólo se podía llegar a caballo, pues carecía de carreteras. Ulpiano Piña construyó allí su farmacia y su casa, que tenían suministro eléctrico por generador. Destinó un lugar de su finca a una casa escuela en la que se asentó un maestro, traído por él para educar a la población, íntegramente analfabeta. Piña fue padrino de numerosos matrimonios, después de lograr legalizar uniones entre parejas. Utilizó sus conocimientos en medicina y aplicó tratamientos para erradicar el paludismo, la sífilis y la lepra. El farmacéutico gallego fue quien orientó a los primeros médicos que llegaron al valle, después de la Revolución cubana, para crear el primer hospital. Fue quien les puso al corriente de la situación sanitaria de la población a la que había atendido. Su hijo Luís Hatuhey, que nació en Baracoa en 1939, cuenta que "mi padre escribía a los paisanos la prescripción para los tratamientos con su Underwood, con el fin de obligarles a leer". La madre educaba a las jóvenes que entraban a servir en la casa. Les enseñaba costura, cocina....
Ulpiano Piña tenía otras tareas, pues antes de la Revolución, envió medicamentos y material quirúrgico al segundo frente oriental que estaba comandado por Raúl Castro y Che Guevara. Las tropas de Batista destruyeron el poblado, la farmacia y la casa, que luego se levantaron todavía más sólidas, de mampostería. Con la Revolución, llegaron las carreteras y la evolución.
Los orígenes de Ulpiano Benito Piña están en Valeixe (A Cañiza), donde nació en 1885. Emigró a los 25 años a Cuba y terminó el Bachillerato en Jovellanos (Matanzas). Después estudió Farmacia en La Habana, donde tuvo su propio establecimiento, pero su familia gallega le animó a regresar. Revalidó sus estudios en Madrid y se estableció en Tui, con su segunda mujer, Carmen Castiñeira. Viajaron sus dos hijos: Isidro Manuel (de un primer matrimonio) y Lidia de los Ángeles, de la segunda mujer. Tuvo farmacia, droguería y óptica que le requisaron en 1936 las tropas franquistas, por sus ideas republicanas. Él salvó la vida al huir de Francia, a Nueva York y Cuba.


Ulpiano Benito Piña: La botica del abuelo de Tui a La Habana
Emigró a la isla caribeña primero por necesidad y años más tarde para salvar la vida
La Opinión de Coruña, 6 de diciembre de 2009





Estévez Piña sostiene una fotografía de su abuelo, Ulpiano Benito Piña, su abuela, Dolores Piña, su madre Lolita y su tío Isidro. / ricardo grobas


S. O. | A CORUÑA Con quince años, Ulpiano Benito Piña (A Cañiza-Pontevedra, 1885) abandonó Galicia para buscarse la vida, en plena adolescencia, en la próspera isla caribeña. "Él quería trabajar. Encontró un puesto de dependiente en una farmacia. La dueña, al ver que era eficiente y listo, lo animó a estudiar Farmacia allí", recuerda desde la casa de los Piña en Tui uno de sus nietos, Alberto Estévez Piña, escritor, periodista y empresario nacido durante la Guerra Civil española. 
Los deseos de la farmacéutica cubana se cumplieron. En 1918, Ulpiano Benito aprobó el Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas y, al año siguiente, se matriculó en la Facultad de Farmacia de la Universidad de La Habana, obteniendo el título de Doctor en 1921. "Regresó a Galicia, revalidó el título de Farmacia en Madrid y montó un gran laboratorio farmacéutico en Tui, de más de 500 metros cuadrados. Se casó con mi abuela, Dolores Piña, una señora enferma. De este matrimonio tuvo tres hijos, entre ellos, mi madre, Lolita Piña. Cuando mi abuela se murió se volvió a casar y tuvo otra hija, que ahora vive en Nueva York, y un hijo, residente en la Habana", narra Estévez Piña. 
Pero la fortuna del imperio tudense de los medicamentos duraría poco tiempo. Al estallar la Guerra Civil, Ulpiano Benito, que había tomado parte en la vida política local de Tui desde posiciones republicanas y liberales, tuvo que huir. "Si no se llega a escapar lo matan, como a dos compañeros médicos que fusilaron aquí. Se fugó con el doctor Losada a Portugal. En Lisboa les ayudó un familiar, que les buscó un barco para refugiarse en Francia. El médico Losada regresó a España para combatir en la guerra en el bando republicano y mi abuelo zarpó para Cuba, por segunda vez, y nunca más regresó", explica Estévez Piña, que mantiene grabada en su memoria la historia del saqueo de sus propiedades en Tui. "Cuando empezó la guerra saquearon la farmacia y el Estado montó en su lugar la Escuela de Auxilio Social. La casa de abuelo, que estaba encima, fue ocupada por el capitán militar destinado a Tui, y otra casa que teníamos al lado, fue tomada por el jefe de la falange en la zona. Además, nos pusieron una multa de 500.000 pesetas, en concepto de sanción política, una cuantía desorbitada; la más elevada impuesta por el Estado. Por poner un ejemplo, el Pazo de Meirás, que se le regaló a Franco, se valoró en 400.000 pesetas en aquel entonces. La multa, que fue puesta por la rabia de no encontrar al abuelo, estoy convencido, nos ayudó a pagarla el tío de Lisboa. Las tropas no sabían en dónde estaba. A mamá, a la que arrebataron su piano para colocarlo en el teatro de Tui como castigo por ser hija de republicano, las tropas le preguntaban continuamente dónde estaba Ulpiano. Ella les decía que no sabía y que, aunque lo supiera, no se lo diría. Lo recuerdo perfectamente", subraya Estévez.
El farmacéutico de A Cañiza encontró su refugio definitivo, lejos de la represión, en el archipiélago caribeño. A finales de los años treinta, montó una farmacia en Baracoa y otra en Puriales de Caujerí, en San Antonio del Sur. Falleció en La Habana en 1972 y su lápida permanece en el Cementerio de Cristóbal Colón. En Tui se han quedado los recuerdos. Para honrar la memoria de Ulpiano, sus bisnietos (hijos de Antonio Estévez) trabajan en La Botica del Abuelo: un restaurante ubicado en Tui en donde yace la máquina registradora de la farmacia saqueada por la falange en 1936.





lunes, 13 de junio de 2011

"Poético" anuncio da sombrereria Medina de Tui


LAS TRES B.B.B.

SOMBRERERIA DE LAUREANO MEDINA
Calle Elduayen (Soportales)
TUY


Otra vez parroquianos
la musa mía
á la calle se lanza
precipitada
y anunciando mi antigua
sombrerería
os acomete á todos
á mano airada.

Sale para deciros
como otros años
que tengo de sombreros
un buen surtido
que á todos los que quieran,
propios y extraños
los vendo por un precio
muy reducido.

Por ella sabrá el público
que ya han llegado
los géneros de estío
de última moda,
y en canales tal número
que yo he pensado
canalizar con ellos
la ciudad toda.

Y una bimba venida
de no sé donde
pero que de seguro
bajó del cielo,
pues al que tiene canas
se las esconde;
¡y al calvo que la compra
le nace el pelo!

Para los que tienen
sangre torera
han traído frascuelos
y cordobeses,
Mazantinis, que el timo
dan á cualquiera
y currilos que duran
sesenta misas.

¡Tengo para los pollos
cada flexible!
que al que sepa ponerlo
con elegancia
créanme a mi señores
es muy posible
que algún inglés lo lleve
de balde á Francia.

Y si no lo llevase
hay un remedio
que al atroz desencanto
muy pronto borra
que, es, el comprarme un kepis
único medio
de que pueda cualquiera
viajar de gorra.

En fin que en mi excelente
sombrerería
hay gorras y sombreros
de efectos tales
que el Rey me los declara
cualquier día
panacea que cura
todos los males.

En ella encuentra el rico
cuanto desea
pues hay unos sombreros
capitalistas
que ya puede el dichoso
que los posea
hacer por esos mundos
cien mil conquistas.

En cambio hay otros muchos
que para el pobre
una ganga resultan
nada liviana
¡Y aún pueda ser que alguno
no se lo cobre!
¡Que á expléndido y rumboso
nadie me gana!.

Vengan pues, á mi casa
todos al punto
y visitan mi antigua
sombrerería
¡Vengan! ¡no se retarden!
que aqui el asunto
es que yo venda el género
todo en un día.

¡A comprar parroquianos
lleguen y ensayen
y verán que barato
vende Medina
Las tres B.B.B. (Soportales)
calle Elduayen.
Pasen, pasen, señores...
que habrá propina
  
Nota.- En dicho establecimiento todos los meses se reciben novedades y se admiten encargos de sombreros de copa, canales de seda, castor y fieltro. También se hace toda clase de reformas que se deseen.

Texto de Xerardo Álvarez Limeses


Paseo da Corredoira (daquela rúa Elduayen), cos soportales onde se atopaba a Sombrereria Medina


Nota sobre o autor:
Xerardo Álvarez Limeses, naceu en Pontevedra en 1871, cursou a carreira de Dereito en Santiago de Compostela e a de Maxisterio en Madrid. Na súa cidade natal fundou o ateneo “Los Amigos del Progreso”, foi académico da Real Academia Galega, fundador do Museo de Pontevedra, redactor das revistas “Extracto de Literatura” e “Galicia Moderna” e autor do volume da “Geografía de Galicia (provincia de Pontevedra)” editada por Carreras i Candi nos anos trinta do pasado século. En castelan publicou “Margaritas” (1892) e “Versos morales” (1898), e posteriormente un libro de versos galegos co título de “Antre dous séculos” (1934). Perteneceu á Sección de Historia do Seminario de Estudos Galegos, onde presentou, entre outros, un estudio sobre o padre Sarmiento.
Casou con Dolores Gallego Martínez, e foi o pai de Amalia Álvarez Gallego, casada con Alexandre Bóveda.Faleceu en 1940.
Entre 1900 e 1920 participou en certames e Xogos Florais nos que obtivo varios galardóns, entre eles o primeiro premio do certame organizado en Tui para conmemorar o milenario do nacemento de San Paio en 1925 co poema titulado “Cantando la eterna gloria del Señor”. Dedicado profesionalmente á docencia, como inspector de educación, tivo unha estreita vinculación con Tui dado que o seu irmá, Darío Álvarez Limeses estableceuse en 1905 na nosa cidade e nela morou coa súa familia ata o seu fusilamento en outubro de 1936. De feito unha das mellores achegas sobre a historia da nosa cidade é a que figura nas páxinas da Geografia de Galicia de Carreras i Candi, no volume dedicado á provincia de Pontevedra.

Dende “Tudensia” agradecemos a Xosé Maria Álvarez Cáccamo a deferencia de achegarnos unha copia deste “volante” editado como promoción desta sombreria tudense.



martes, 7 de junio de 2011

"Carreteras secundarias" programa de La Sexta 2 dedicado a Tui

O pasaso venres o programa "Carreteras secundarias" de La Sexta 2 emitiu unha interesante reportaxe sobre a nosa cidade, os seus recursos turísticos e as súas xentes.
Deixamos o enlace para os que queiran visionar este programa