domingo, 30 de octubre de 2011

"Los órganos de la Catedral de Tuy" (1925) de Pablo Pérez Costanti

A Catedral tudense conserva una amplo elenco de obras de arte pero posiblemente os órganos, que no ano 2014 cumpriran tres séculos, son das pezas artísticas máis sobranceiras polos soberbas e espectaculares caixas realizadas polo mestre Domingo Rodríguez de Pazos.
Para afondar no coñecemento da tradición musical da sede catedralicia tudense reproducimos de seguido polo seu interese un artigo do historiador Pablo Pérez Costanti publicado no xornal barcelonés “La Vanguardia” en 1925.
Pablo Pérez Costanti (A Coruña, 1857 – Santiago de Compostela, 1938) foi arquiveiro, historiador, membro fundador da Real Academia Galega e autor de inumerabes traballos de investigación. Reseñar dúas das súas obras máis afamadas “Notas viejas galicianas” (3 vol. 1925) e o “Diccionario de artistas que florecieron en Galicia en los siglo XVI y XVII” (1930) para testemuñar a trascendencia de Pérez Costanti na investigación sobre o pasado de Galicia.



NOTA RETROSPECTIVA
Los órganos de la Catedral de Tuy

Sábese que a principios del siglo XIII figuraba ya el órgano en la iglesia española (Catedral de Burgos), pero no alcanzan más allá del XV las noticias que hasta ahora poseemos acerca del llamado «instrumento-rey», por lo que se refiere a las iglesias de Galicia.
Si desconocemos la fecha de los primitivos órganos que hubiese tenido la catedral de Tuy, podemos ofrecer, en cambio — y este es el objeto de las presentes líneas — datos inéditos recogidos en protocolos de los siglos XVII y XVIII que se custodian en el archivo de aquel Excmo. Cabildo.
Los fabriqueros mayores, doctor Heredia y Licenciado Tomé de León, atendiendo a que, «los órganos grandes y pequeños que ay en la dha Santa Iglesia, están desconcertados y carecen de adrezo», hicieron contrato en 9 de mayo de 1636, ante Juan Sánchez Falcón, con Baltasar Machado, «afinador de órganos, morador en la ciudad de Santiago», quien «se ofreció concertarlos de todo lo necesario, de suerte que sirban y se pueda tañer en ellos a vista de personas que lo entiendan». Habría de hacer de nuevo, «el secreto y arca de viento del órgano grande y asentar en él toda la carintería que tiene con el flautado y flautas y juego de dulzainas, las quales tres diferencias se an de ingerir en el mesmo secreto nuebo... a de poner todo género de adrezo, ansi baldreses, cola, alambres y hacer lo más que tubiese necesidad de reparo; y a de afinar el órgano pequeño y repararlo...»
Tan mal cumplió Machado su compromiso que se vio reducido a prisión; y desde la cárcel en que se hallaba, con su oficial Juan Fernández, pidió al Juez ordinario de Tuy en 30 de agosto de 1636, se les pusiese en libertad bajo fianza, la cual, por auto del mismo día, fue señalada en trescientos ducados. En la propia fecha y a testimonio del escribano Antonio Rodríguez de Lérnos, al presentar Machado por fiadores responsables de aquella cantidad, a Francisco de Abreu, sochantre y Pedro de Arús, sacabuche, dice: «que antes de aora e obligó a afinar y aderezar el órgano grande de esta Santa Iglesia, habiéndolo dejado a su parecer, bueno. Y los Sres. Dean y Cabildo le pusieron por querella que el órgano no había quedado perfecto. Oblígase por esta nueva escritura, con sus fiadores, a repasar el susodicho órgano, de forma «que ha de quedar y arca del viento del con capacidad bastante para en si ciento sesenta y ocho canutos además de los que tiene que eran del órgano pequeño que estaba debajo del grande... Los requisitos an de quedar como estaban antes de deshacerse el órgano, ansi los medios partidos como los demás de manera que el que lo tañese pueda, sin llevantarse, regístralos». Los materiales serían por cuenta de Machado.
La forma en que éste dejó incumplida la nueva obligación, a los pocos días de solemnizarla en la anterior escritura (llegando a verse por segunda vez encarcelado), declarase en el siguiente requerimiento: «Escribano presente dadme por fee y testimonio a mi Don Joseph Rodríguez Víla, Maestro esquela, por lo que me toca y en nombre de Dean y Cabildo de esta Santa Iglesia, deste requerimiento que hago y tomo a Francisco de Abrea y a Pedro de Arús en que digo que bien saben y les es notorio como aviendo aderezado el órgano grande desta yglesia Baltasar Machado, le echó a perder dexándole deteriorado y de manera que no puede serbir y ocultó muchas piezas del, de mucho valor, de que se dio querella contra él por el delito, y compareció y fue preso y estando las cosas en este estado, se allanó a poner dicho órgano en el estado en que estaba y poner las flautas que faltaban y ofreció otorgar escritura y dio por fiadores a los dhos Francisco dé Abreu sochantre y Pedro de Arús sacabuche y se hizo escritura en forma y se obligaron de mancomún y con dho Baltasar Machado de que pondrían el órgano como estaba y harían la área del secreto nueba y pondrían las flautas y dulzainas que faltaban y que traerían un maestro a su costa par que viese como quedaba;- y sin embargo el dho Baltasar Machado se huyó al reyno de Portugal por rehuir de cumplir lo dicha y el dho Pedro de Arús le fue a buscar y le traxo a esta ciudad, de cuyo pedimento
fué puesto en la cárcel donde al presente está, sin que se trate de bolber a aderezar dho órgano ni cumplir la obligación que hizo, en que mis partes y su yglesia padecen notable perjuicio. Por tanto requiero a los sobredhos Francisco de Abreu y Pedro de Arús como fiadores y mancomunados, con dho Baltasar Machado cumplan en todo lo que están obligados desunciendo dno organo y haciéndole de nuebo con su arca de secreto pandero y flautas y que quede afinado... con protestación que si no lo hicieren, demás de los daños y menoscabos que se siguieren, que a su costa se trará persona que aderec dho órgano.»
Notificado este requerimiento en 19 de septiembre de 1636 por el escribano Juan Sánchez Falcón, a los susodichos fiadores Abreu y Arús, pidieron se hiciese notorio a Machado que estaba en la cárcel. Que este debió cumplir, al cabo, su compromiso, a satisfacción del Cabildo, desprenderse de escritura hecha con el mismo en 11 de octubre siguiente, ante el propio Sánchez Falcón, por la cual Machado obligose «a venir en fin de cada año a esta ciudad a afinar los dhos órganos, y por cada año se le dará lo que solían dar a Gaspar de Laraz afinador de órganos, aora difunto.»




En 1714 dotóse de un nuevo órgano a la catedral de Tuy, encomendándose su construcción por el Cabildo al maestro organero don Antonio del Pino y Velasco, natural de Palencia, mediante escritura de que dio fe, Juan de Insua Valdivieso en 6 de junio de dho año. Compondríase el órgano de los siguientes registros: «un plantado de veinte y seis palmos en la fachada en tono natural; otro de trece palmos abierto; otro de octava abierto; otro tapado e nunisonus de la octava; dos registros enteros en docena; otros dos en quiencena; otros dos en diez y nobena; otros dos en viente docena; un lleno de puatro caños por punto; otro rexistro de cinibala de ídem ídem; otro llamado clarin; otro llamado la gran corneta de siete caños por punto; otro llamado corneta real de seis caños por punto para hacer con una y otra, eco y contra eco; otro flautado de octava que sirve de acompañamiento a las cornetas y se puede tañer solo también con ida y venida.—Rexistros de lenguas; un rexistro entero de clarines, otro de dulzainas, otro de orlos, otro de trompeta real; otro medio rexistro de mano izquierda de bajoncillos.—Más quatro caños de madera llamados timbales; más dos caños de madera que forman el tambor; y dos ruedas de cascabeles naturales; pájaros y gaitas».
«El órgano se ha de poner en el coro en el lado y arco que está a la parte de la capilla de las Angustias. Ha de poner el actual órgano que allí está en el otro arco que está al lado de la capilla de la Soledad y a este le ha de hacer secreto nuevo y asegurar todos los rexistros que tiene, sacando afuera para la buena correspondencia de dho órgano nuevo el rexistro llaado trompeta magna.» El organero Pino pondría todos los materiales «aprovechándose de los que tienen los dos órganos que hay en dha Santa Iglesia». Daría la planta para hacer las cajas de dhos órganos. El plazo para las obras a Pino confiadas, fijóse en dos años, y el precio, en treinta y seis mil reales.
La construcción de las cajas de que se habla en la precedente escritura, fué encomendada al escultor Domingo Rodríguez de Pazos, vecino de Fornelos, a medio de contrato público, otorgado en 28 de septiembre de 1714, a testimonio del referido escribano Insua Valdivieso. El susodicho artista, pondrá en las dos cajas «las figuras correspondientes para su adorno y mayor decencia, y por remate de la grande, a nuestro patrón San Telmo de canónigo a caballo y en la mediana a nuestro patrón Santiago también de a caballo». Daría la obra terminada en diez y seis meses, y por ella se le pagarán mil quinientos ducados, incluyendo en esta cantidad, dos figuras que Rodríguez de Pazos «pondrá en las cajas que hizo ahora para el presbiterio.»
En 1718, en que el organero Pino Velasco era vecino de Orense, encomendóle el Cabildo de Tuy (escritura de 13 de junio ante Insua Valdivieso) el encargo de afinar los dos órganos, tres veces cada año señalándosele para ello, la renumeración anual de nuevecientos reales.
De importantes reparaciones fueron objeto los dos órganos de la catedral de Tuy, en 1754, realizados por el de la de Palencia, don Juan Francisco de Toledo, según escritura ante Juan Antonio García de Soto en 3 de marzo de dicho aña. .Aquel hará de nuevo «los fuelles, tablones secretos, tapetes y plantillas»; repararía, perfeccionándolas, todas las demas piezas, como caños, registros; no pdría materiales a su costa. Mientras durase la obra, para la que se le señaló el plazo de dos años, daríasele «casa capaz en que pueda trabajar con sus oficiales y vivir con su mujer y familia», satisfaciendo el Cabildo los alquileres. En pago de todo su trabajo, recibirá treinta y tres mil reales», en la inteligencia que hará la obra con el primor y perfección que se necesita y persuaden los informes de su proceder».
Cuando Toledo llevaba bastante avanzada su labor, consideró precisas ciertas adicionales obras que justipreció en cinco mil quinientos reales; otorgándose al efecto, nueva escritura en 3 de marzo de 1755, ante el citado García de Soto. Consistían tales obras en la construcción de cuatro fuelles, «un secreto para la corneta y clarín de ecos y para la corneta clara con su arca nueva para hacer ecos, y contra ecos; otro clarín de mano derecha que tenga alguna similitud con el de guerra y poner la trompa real en mejor disposición de afinación...»
Las últimas reformas llevadas a cabo en los órganos de la catedral de Tuy, datan de hace veinte y tantos años y fueron encomendadas a un organero italiano; habiéndose traído de París los mantenales para la reparación, el coste total de las cuales, ascendió a unas ocho mil pesetas.
...
No pequeña utilidad vienen a prestarnos estas notas para nuestro preparado estudio sobre «Organeros y organistas en Galicia, desde el siglo XV», materia a la que ya hemos dedicado unas líneas en «La Voz», en donde están esperando espacio, otras también de nuestra mano, acerca de los «Organistas de Cée en el siglo XVIII.»

PABLO PÉREZ CONSTANTI
En “La Vanguardia”, martes 4 de agosto de 1925, pag. 12. sección “Artes y artistas”.

lunes, 10 de octubre de 2011

"Tuy" por Teodosio Vesteiro Torres (e II)

Continuamos hoxe coa publicación do artigo do escritor Teodosio Vesteiro Torres dedicado á nosa cidade:

"Cuando el viajero divisa á Tuy, ya después del magnífico puente sobre el Louro, en la carretera de Vigo, cree ver un castillo señorial destacándose imponente y negruzco sobre el melancólico azul de un horizonte de Suiza.
La impresión es enteramente contraria al llegar á la ciudad. Una espaciosa y larga corredera se ofrece á la vista; el ex-convento de San Francisco y la nueva cárcel adornan ambos costados; glorietas, filas de acacias, anchas aceras, soportales, casas elevadas y á cordel, cuya línea solo se interrumpe para dar lugar á una inmensa explanada, causan la ilusión de una estancia en capital de primer orden con gentes y ruidos.
Pero no es más que aquello. Doblad una calle, y solo veréis la tranquilidad de un pueblo que parece olvidado de su propia vida, reposando silencioso entre muros venerandos á la sombra de su catedral de granito.
Elévase ésta sobre una colina, formando la cúspide del anfiteatro, que refleja en las aguas olivos y trepadoras, galerías y botareles.
La catedral no es obra de un siglo; ya la severidad toscana, ya el prolijo calado gótico, ya el arco romano, ya la columna bizantina, presentan al sorprendido artista la miscelánea de recuerdos de diversas edades que fueron grabando en el monumentos sus inspiraciones.
La puerta principal del templo es bizantina. Apenas se entra en el santuario, pasma su elevación.
Tres son las naves principales. En la del medio está el coro, cuya sillería merece toda la atención del crítico: en los respaldos de los sitiales esculpió un diestro cincel pasajes sagrados, muchos de ellos de la vida de San Telmo, patrón de la diócesis. A cada lado del coro, y sobre él, hay un órgano.
En la nave izquierda se halla la capilla del Sacramento, parroquia de la ciudad, con algunos sepulcros. Sigue la del Cristo, reducida y obscura. Después se extiende un tanto la nave, para formar la cruz latina, y en este espacio de alza el solemne monumento del Jueves Santo. Más cerca del altar mayor y en la primitiva alineación, está la sacristía, que debe visitarse, porque tiene una buena exoneración de trabajos de talla.
En la nave derecha se ven las capilla de Santa Catalina, de los Dolores y de la Espectación. Abre aquí el otro brazo de la cruz y guía al claustro, que es gótico.
Haciendo una cuarta nave, no tan grande, se encuentra la clara y elegante capilla de San Telmo, con reliquias, banderas, sepulcros y el panteón ó cripta en que duermen el sueño eterno los prelados tudenses.
La sala capitular, sobre la sacristía, tiene igual trabajo que el coro. En sus paredes se inscriben los nombres de los obispos, como en los antiguos dípticos.
El aspecto exterior de la Catedral causa admiración. Apenas pueden seguir los ojos la altura de aquella mole que corona una torre cuadrada, verdadera atalaya feudal, descollando entre agujas, merlones, y lo que es más raro, amenazadoras almenas.
La tradición la supone castillo, palacio ó iglesia. Puede serlo todo. Los salones ocultos en sus bóvedas, los singulares adornos colocados á la altura media de sus arcos, su misma posición en la colina ó castro sobre el Miño, dan derecho á ver algo de verdad en la leyenda.
En las correrías de los Normandos, en las algaradas de los Moros, en las invasiones de los Portugueses y en las mismas guerras de los señores del territorio, la catedral jugó su importante papel.
Ya atacando á Enriquez, ya defendiendo á Urraca, más de una vez se dispararon ballestas desde sus muros. Un día la impuso la ley como solariega de sus obispos; otro día fué saqueada por el aventurero conde de Camiña, el famoso Pedro Madruga.
Nosotros la saludamos como una noble memoria del siglo de San Fernando, nos descubrimos ante aquella cátedra que santificaron los Evasios y Hermoigios, y que ilustraron con sus talentos los Torquemadas, Lucas y Muros.
Detrás de la Catedral hay otra capilla edificada sobre la humilde casa en que murió San Telmo: allí se conservan hoy los restos de su miserable lecho.
Cerca, porque en Tuy no hay distancia, se eleva un convento de monjas.
En la corredera está el que fué de Franciscanos, hoy Seminario conciliar, del que salen jóvenes teólogos, los más distinguidos de Galicia. Fué fundado en 1850 por el obispo Casarrubios. El edificio es grande y cómodo; tiene dos patios, uno de ellos con claustro, habitaciones para 60 colegiales, gabinete de física, una elegante biblioteca con más de 6.000 volúmenes y la iglesia, moderna y sumamente parecida á la del instituto de Pontevedra.
En el arrabal de Santo Domingo yace la bizantina iglesia y convento de aquella orden. Cuando hay guarnición, recorren los soldados de la patria el claustro que cruzaban un día los soldados de la fe. El templo es el más espacioso de Tuy; el altar lateral del Rosario ostenta la batalla de Lepanto, muy bien esculpida.
Tras esta iglesia vese una alameda, antiguo recreo de los frailes, que, besada por las ondas del río, es el más grato solaz para el alma contemplativa.
Hacia el Norte de Tuy, más sin separarse verdaderamente de allí, está la parroquia de Rebordanes, en una feraz y florida llanura. El templo de San Bartolomé era la guarida del cabildo en los tiempos de revueltas de los pasados siglos.
Fuera de sus iglesias, Tuy no tiene monumentos que admirar. En cambio, presenta abundancia de recuerdos históricos, dramáticas leyendas y vestigios de su perdido esplendor.



Caminando á Occidente señala el campesino el solar del palacio de Witiza, el rey godo que embelleció a Tuy, como su corte. Llámase aquel lugar Pazos de Reis. En gallego, pazo, es lo que en francés Chateau, castillo, palacio, torre, casa feudal.
Allí empieza la pendiente del monte Aloya, gigante de aquellos valles. Cerca de su cumbre se admira un precioso dolmen céltico de figura oval, y no lejos de éste se conservan intactos los menhires de los hijos de Ery. La sencillez popular los juzga restos de viviendas de mártires; la crítica histórica aprecia en ellos una prueba de nuestra ilustre ascendencia. Llamamos toda la atención de los amantes de Galicia á aquel ignorado monte, que guarda todas las huellas de la estirpe primitiva.
Desde la cima, donde se celebra la romería de San Julián y compañeros mártires, de disfruta de una perspectiva admirable. Al frente, Tuy separado por la cinta de plata, que semeja el Miño, de la vecina Valença, terrible fortaleza de Portugal; sigue la cuenca del río á Este y Oeste, con infinitas villas, aldeas y caseríos de una y otra nación; más allá, las dos puntas de Tecla, último confín de España; la costa hasta Bayona, cuyo negro castillo baten las olas espumosas del Océano; las islas Cíes; la hermosa ría de Vigo, con sus pintorescos puertos; la cordillera del Morrazo, coronada por blancas ermitas; horizontes de montañas y de mares sin límites; un  cielo de dulcísima luz; un silencio sólo interrumpido por el eco de las playas y la rompiente de miles de arroyos perdidos entre peñas, barrancos, verdes cañadas y pinares mugidores... Magnífica soledad, á cuyo encanto embargan la mente y el corazón los ensueños y las emociones del poeta.
Si vais á Tuy, no holleis indiferentes la preclara patria de tantas memorias. Vagad por sus contornos, escudriñando los escombros de su pasado. Allí vió tal vez la primera luz el santo conquistador de Córdoba; allí se meció la cuna del inocente Pelayo, mártir de Abderramen; allí fraguó sus orientales delirios el infortunado Prisciliano; allí enardeció las sienes de Lucio el mismo numen del cisne de Venusia; allí compiló sus inmortales obras García de Saavedra; allí suspiró desde el primer día de su vida el olvidado Cadavalo Gravio; allí nació a las musas el malogrado Padín, muerto en lo mejor de sus años para el país, cuya historia diseñaba.
Si amáis la naturaleza, admirad los manantiales de la cercana Caldelas, en las mismas márgenes del Miño y entre bosques espesos de robles y castaños.
Si los lapidarios os seducen, no buscareis en vano inscripciones romanas, escudos del feudalismo y tumbas de poderosos infanzones.
Si la leyenda os encanta, pedid al complaciente labriego la relación de las piraterías normandas.
Cruzad las dormidas aguas de aquel encantado río, para saludar un pueblo hermano, llorando sobre el triple muro de la portuguesa Valença, la antigua Contrasta, las ruinosas discordias de dos naciones iguales por la tradición, por la lengua, por la sangre!...
¡Tuy! el hermoso cielo que cubre las hoy olvidadas campiñas, volverá acaso á saludarte rica, potente y hermanada con la nueva civilización, cuando la locomotora del siglo XIX haga conocer á España las escondidas joyas que guarda en sus lares y que brillaron un tiempo  como las más fúlgidas glorias de la Edad Media.
La luz irradió en nuestros ojos en las playas que vela la misma cumbre de tu pintoresco Aloya; pero abrimos el alma á la ciencia, y el corazón al sentimiento de tus propios hogares.
Tu ventura sería nuestra ventura; que la gratitud y el amor son patrimonio de los espíritus nobles.
¿Pudiéramos olvidar á nuestra segunda patria? ¡Nunca!."


Publicado en “Recuerdos de Galicia”, 1ª Edición (Póstuma): 1896. La Coruña. Andrés Martínez, Editor, 143 pp. Edición facsimilar para unir al libro “Teodosio Vesteiro Torres”: Vigo, Instituto de Estudios Vigueses,1998.