viernes, 16 de marzo de 2012

Camilo Bargiela e Valle Inclán, por Valentín Paz Andrade

A figura de Camilo Bargiela xa foi abordada en Tudensia co gallo da edición do seu libro “Luciérnagas” que conta cun esplendido estudo introdutorio de Emilio Gavilanes que nos ofrecía, por vez primeira, unha achega á sua traxectoria vital e literaria e que posibilita que comezamos a coñecer a súa figura literaria integrada no que vimos en denominar “xeneración do 98”.
A estravagante vida de Bargiela nos seus anos de estadia en Madrid compartindo tertulias, vivencias e escritos cunha longa nómina de escritores que participaban da efervescencia literaria daqueles anos, é a principal referencia do escritor tudense.
Para sobrevivir naquel Madrid finisecular Bargiela realizou numerosos traballos de tradución de obras principalmente do francés, de adaptación de libretos para obras de teatro ou de vodevil..
De tal xeito que Azorin chega a escribir referíndose á actividade de Camilo Bargiela: “¿Existe concomitancia entre Galicia e Irlanda? ¿Es el humor galaico hermano del humor irlandés?".
Rememorar a figura deste escritor nado en Tui confiamos contribúa a recuperar a súa figura de grande interese literario.Con esta vontade achegamos agora un breve texto que dedica ao autor tudense Valentín Paz Andrade no seu libro “La anunciación de Valle-Inclán”. Paz Andrade é o escritor homenaxeado na celebración do Día das Letras Galegas deste ano 2012, pero a sua figura egrexia non é exclusivamente literaria, senón que esta actividade forma parte, como o seu labor empresarial ou xurídico, da súa tarefa a prol de Galicia e a súa identidade. 
Entre as múltiples obras de investigación que realiza Paz Andrade está esta obra sobre Ramón del Valle Inclán, cuxa primeira edición data de 1967 en Buenos Aires auspiciada polo mundo galeguista da emigración. No percorrido sobre a figura de Valle Inclán, Paz Andrade fala súa relación con Camilo Bargiela. Un personaxe que, de seguro coñecia ben, pois Paz Andrade levada a defensa como avogado do xornalista galego José Signo que fora demandado por escribor no periódico vigués "La Concordia" un artigo titulado "Cría cuervos..." no que afirmaba que Pérez Lugín tiña escrito "La Casa de la Troya" valéndose de notas, follas e capítulos esbozados por Camilo Bargiela. Esta acusación deu lugar a un longo proceso legal que culminou, moitos anos despois, a favor de Pérez Lugín.
A relación entre Bargiela e Valle non foi nunca fácil e mesmo o autor do esperento dedicoulle afiadas críticas ao tudense, ao que non lle daba categoria literaria. Así, segundo recolle Emilio Gavilanes, en "La cara de Dios", unha novela por entregado do Valle dos primeiros tempos figura un personaxe, un inspector de Policía, chamado Bargiela e alcumado "Bigotes", que Zamora Vicente nos ten ensinado que é unha bulra de Camilo Bargiela. Ambos coincidiran na súa estadia estudiantil en Compostela e colaboraron no semanario satírico "Cafe con gotas". Bargiela, pola súa banda, sempre considerou altamente a Valle-Inclán. 
Polo seu duplo interes reproducimos estas liñas de Paz-Andrade.

El testimonio de Bargiela

Valle-Inclán y Camilo Bargiela, compañeros de aulas en Compostela, se reencontraron años más tarde en Madrid. Frecuentaban la tertulia del Ateneo, donde don Ramón pontificaba. A veces, ironizando sobre el atuendo del tudense, según ha contado después Diego San José:
.... La mordacidad del autor de las Sonatas solía cebarse en su paisano, al cual le daba por presumir de elegante y conquistador usando como anzuelo su bien cortado “mack-ferland”, sus empinados bigotes y el bastón...
Pero bajo aquella aparente frivolidad, caricaturizada por Leal da Cámara y por Sancha, las cosas se tomaban en serio. Especialmente las del espíritu. Como si estuviera despertando en los hombres de pluma un sentido de responsabilidad muchos más activo y trascendente.
Sobre el tema escribió Camilo Bargiela en 1899 un curioso ensayo. Se titula “Modernistas y anticuados”. Lo incluye en las páginas finales de Luciérnagas, un librito que en el año 1900 se editó en Madrid.
Bargiela denuncia allí a la “literatura fofa y sin ideal” legada por la generación precedente. Algunos párrafos defienden el evangelio modernista, a cuyos adeptos reputa como “espíritus expansivos, abiertos a todas las corrientes científicas y artísticas”. Llega a afirmar que “en el fondo de las letras españolas se nota un espíritu marcadamente revolucionario, y nace esta tendencia sana y provechosa contra el estado de injusticia en nuestra vida social”. El aliento regeneracionista del 98 está operando ya.
Cuatro años antes de había publicado Femeninas. Dos años antes de Epitalamio. Sin mayor caudal de obra lograda, Bargiela coloca ya a Don Ramón en la vanguardia de aquel movimiento. Con Benavente y con Baroja. Y cuando se siente amenazado por la “pleamar de la vulgaridad”, temeroso de que las olas lo ahoguen en el aburrimiento clama:
En tales ocasiones, pido a Dios que mi antiguo condiscípulo Valle-Inclán nos cuente alguna de sus fantásticas aventuras con Tierra Caliente, actúe de piadoso Benavente o nos descubra algún genio Pío Baraja...
No se trata de una mención esporádica, que pudiera dictar la amistad. En otros párrafos enhebrados con el hilo de la misma idea, dice:
...¿Que no tiene valor la juventud actual? ¿Que es decadente? ¿Anodina? Compadezco la miopía intelectual de los que así opinan. ¿No significa nada Benavente, autor dramático de enjundia? Leed sus comedias y a través del diálogo nervioso y flexible veréis satirizada la burguesía con implacable crueldad.
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Y a continuación de Benavente, pueden citarse numerosos nombres: Valle-Inclán, descendiente artístico de Bocaccio o el Arentino, que con santo horror al elemento céltico de la lengua, declara la guerra a las preposiciones, y hace cuentos modelo de galanura y buen decir: Pío Baroja.
No hace falta nayor justificación para dar por admitido que el “primer puesto de la literatura del país” a que se refiere el presagio de Murguía se adjudicaba a Valle-Inclán, incluso desde antes de comenzar a producir las series fundamentales de su obra.

En: Paz-Andrade, Valentín: “La anunciación de Valle-Inclán”. Madrid, Akal, 1981. (corresponde con una edición ampliada de la primera edición publicada en Buenos Aires en 1967).


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