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Interesante artigo en La Voz de Galicia: Tui etapa decisiva na evacuación de xudíos na II Guerra Mundial



No suplemento dominical de “La Voz de Galicia” do pasado domingo 24 de xaneiro publicase un interesante traballo de investigación do periodista Eduardo Rolland que nos achega á historia do médico vigués Eduardo Martínez Alonso, a quen denominan o "Schindler galego ou do Miño" polo seu activo papel nos anos da postguerra española e II Guerra Mundial para salvar a xentes perseguidas polo nazismo, nomeadamente polacos e xudíos, mediante unha rede que tiña en Guillarei - Tui unha das súas etapas.

A súa filla Patricia Martínez Vicente publicou hai varios anos unha obra, “Embassy y la inteligencia de Mambrú” (2004) , na que recollia en base aos documentos familiares esta auténtica epopeia de Martínez Alonso quen xenerosamente e poñendo en perigo á sua vida e a da súa familia salvou a centos de personas do exterminio nazi. Unha das etapas do seu percorrido estaba na zona de Guillarei onde estes refuxiados estaban ocultos ata que cruzaban o Miño cara a Portugal.

Nos vindeiro días Patricia Martínez Vicente publica unha nova obra, “La calve Embassy”, con máis datos sobre esta heroica acción do seu pai, na que de novo fica claro o importante papel que Galicia e, concretamente, Tui xogaba neste periplo "salvador".

Por mágoa e edición dixital de La Voz só permite recuperar o texto do artigo e non a edición completa, coas imaxes, do traballo que nos ofrecemos fotografado.


El Schindler del Miño


El médico Eduardo Martínez salvó a cientos de judíos en la Segunda Guerra Mundial, evacuándolos por Portugal. Su historia se inscribe en una Galicia que fue un hervidero de espías aliados y nazis


Eduardo Rolland

Eduardo Martínez Alonso fue el Schindler gallego. Entre 1940 y 1942, este médico vigués salvó a cientos de judíos, a los que evacuaba a Inglaterra por la frontera de Portugal. Su actividad lo obligó a huir a Londres, donde se incorporó al MI6, el servicio secreto británico. Ahora, tras bucear en los archivos de Reino Unido, su hija Patricia Martínez de Vicente ha logrado reconstruir su historia.

En 1939, cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Galicia apoya al bando alemán de forma mayoritaria. Pero hay un pequeño reducto de anglófilos, entre los que se cuenta Eduardo Martínez.

El Schindler gallego colaboraba con Cruz Roja y tenía acceso al campo de prisioneros de Miranda de Ebro, donde se concentraba a los que huían del nazismo a través de los Pirineos. Alonso diagnosticó falsas enfermedades y certificó defunciones para sacar de allí a los cautivos, casi todos judíos polacos.

«Se arriesgó -afirma su hija-, contactó con el espionaje británico y dio un paso más: evacuarlos a Gran Bretaña». En dos años, Martínez sacaría a cientos de refugiados, a través de barcas por el río Miño, y con la colaboración, a veces remunerada, de estraperlistas y guardas lusos. Pero su vida estaba en peligro.

Galicia era un hervidero de espías durante la Segunda Guerra Mundial. La mayoría eran alemanes que llegaron con el consorcio Sofindus, un conglomerado de 350 industrias que, entre otros intereses, debían garantizar la extracción y transporte del wólfram gallego.

Rastros documentales

Huellas de aquellos espías encontramos en diversas fuentes. En el Archivo Naval de Ferrol aparecen sucesivos informes sobre espionaje: «Súbdito alemán sorprendido tomando fotografías de destructores en La Coruña», reza un parte de 1942. «Súbdito inglés sorprendido tomando fotografías», reza otra carpeta de 1944.

Otra prueba nos confirma el espionaje. Se trata de los diarios del almirante Dönitz, jefe de la Kriegsmarine. «Nuestros agentes en Ferrol informan de que son inciertas las actuales posibilidades de repostar en España», escribe en 1939. «Es posible un ataque por sorpresa a barcos franceses de los que recibimos informes desde Vigo», anota en 1940.

Los submarinos son otra razón para el espionaje. El tanquero Vessel y el carguero Max Albrecth, fondeados en Vigo y Ferrol, son base de repostaje de los U-boot. Además, en Cospeito, está la antena de comunicaciones Elektra-Sonne, levantada por los alemanes.

Todos estos objetivos traen a Galicia a numerosos agentes nazis, que al término de la guerra serán reclamados por los aliados. Las listas negras, que conserva el Ministerio de Exteriores, prueban la intensa actividad de inteligencia.

Es en en este ambiente en el que actúa el Schindler gallego, que fue agente oficial del SOE (Special Operations Executive) y que sería condecorado tras la guerra. «En su diario cuenta algunas operaciones pasando a los fugitivos por Guillarei», narra su hija. Previamente, los ocultaba en su casa de veraneo en Redondela.

Tras huir a Londres con su mujer, Eduardo Martínez siguió trabajando para el MI6. Su hija halló un documento que elogia su labor: «Ha sido nuestro principal agente, al ayudarnos con los rescates a través de España y sugiero que siga asesorándonos», escriben en 1942 en el servicio secreto británico.

Patricia Martínez confía en llevar la historia de su padre al cine. «Es un caso extraordinario, pero no único -afirma la investigadora-; a veces, nos parece asombroso lo que vemos en el cine, pero historias así se vivieron en Galicia».


PATRICIA MARTÍNEZ DE VICENTE

Hija de un espía vigués

«Mi padre tenía un par de bigotes bien puestos»

Patricia Martínez de Vicente publicará en febrero La clave Embassy sobre el espía vigués Eduardo Martínez. Lo conoció muy bien porque es su hija, pero la historia la ha reconstruido gracias a un diario y a largos años de investigación en archivos británicos, donde descubrió a un personaje sorprendente.

-¿Cómo empezó todo?

-Encontré un diario suyo, haciendo una mudanza, y tardé 20 años en darle un sentido. Había mapas, nombres, referencias al servicio secreto británico? hasta que en los archivos de Londres aparecieron los documentos.

-¿Qué lo llevó a ser un agente aliado y a evacuar a judíos?

-Pues que tenía un par de bigotes bien puestos. Era médico y sabía las atrocidades que estaban haciendo los nazis. Mi abuelo era cónsul en Liverpool. Era, digamos, de las familias gallegas probritánicas, como las había germanófilas. Y decidió actuar.

-Su marcha a Londres, ¿fue un exilio o una fuga?

-Huyó. Lo avisaron de que tenía a la Gestapo encima. En Vigo su vida peligraba y se fue con mi madre. Yo nací allí.

-¿Obtuvo reconocimiento?

-La Cruz del Rey Jorge, en Inglaterra, y la Cruz de Oro de Polonia. La mayoría de los que salvó eran refugiados polacos.

-¿Cómo logró operar sin ser interceptado por la trama de espionaje nazi en Galicia?

-Porque era médico, de una familia muy reconocida en Vigo. Pero llegó un momento en que su vida estaba amenazada.

-¿Quién lo ayudó a organizar la ruta de escape?

-Amigos, marineros de Redondela y contrabandistas que operaban en la frontera portuguesa y cobraban por pasar a la gente.

-¿Llegó a conocer en Londres a alguno de los que salvó?

-Según mi madre, solo a uno, que nos visitó en nuestra casa.

-Ha investigado sobre su padre, ¿no le condiciona?

-No. Estoy orgullosa de él, por supuesto. Pero incluso me molesta que se pueda pensar que engrandezco su memoria.

-¿Se hablaba en su casa de esta época?

-Poco. Como en todo lo que rodea esa época, apenas se transmitió a la siguiente generación, sentían vergüenza de la barbarie.

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