lunes, 10 de noviembre de 2008

Y Lindbergh acuatizó en el Miño


Publicado en "Faro de Vigo" do sábado 8 de novembro de 2008, pódese consultar tamén en

http://media.epi.es/www.farodevigo.es/media/documentos/2008-12-08_DOC_2008-11-08_02_16_22_elsabado.pdf

Y Lindbergh acuatizó en el Miño

La niebla obligó hace 75 años al famoso aviador a posar su hidroavión en aguas del Miño a su paso por Caldelas de Tui


Por J. A. Otero Ricart


“A las cuatro de la tarde de ayer nuestro corresponsal en Tuy, señor García Sánchez, nos comunicó por teléfono que el hidro de Lindbergh había acuatizado en las cercanías de Caldelas de Tuy, para donde salía seguidamente”. Así comenzaba la primera de las pormenorizadas crónicas que publicó FARO DE VIGO sobre el inesperado acuatizaje de Charles Lindbergh en el río Miño el 13 de noviembre de 1933.

En mayo de 1927 el nombre de Charles Lindbergh se había hecho mundialmente famoso al convertirse en el primer aviador que lograba cruzar el Océano Atlántico sin escalas. Su vuelo entre Nueva York y París pilotando el monoplano “Spirit of St. Louis” le convirtió en todo un héroe de la aviación. Poco después fue nombrado consejero técnico de Transcontinental Air Transport y Pan American Airways y pasó a formar parte del Comité Nacional de Asesoramiento para la Aeronáutica. Tras contraer matrimonio con Ann Morrow, Lindbergh realizó en su compañía diversos vuelos internacionales.

En 1933 recorrieron un total de 46.800 kilómetros en un hidroavión Lockheed Sirius llamado “Tingmissartoq” (“el que vuela como un pájaro”, en lengua esquimal). Despegaron de Nueva York el 9 de julio de 1933 y, tras hacer escala en 21 países,

regresaron a la misma ciudad el 19 de diciembre. Durante ese largo viaje, y cuando se dirigían a Lisboa desde Santander, tuvo lugar el inesperado acuatizaje del 13 de noviembre en el río Miño, en la frontera entre España y Portugal, cuyas autoridades se disputaron durante dos días los agasajos al héroe de la aviación. Los Lindbergh se hospedaron en un hotel de Valença, pero pasaron las dos noches en el hidroavión, varado en la isla del Meio.

La aventura del acuatizaje en el río Miño la describió la propia Ann Morrow en un artículo publicado al año siguiente en el “National Geographic” y que ha recogido recientemente la revista española “En vuelo”. Procedentes de Rotterdam y Ginebra, el legendario piloto y su esposa habían llegado unos días antes a la localidad cántabra de Santoña. La meteorología en Europa era muy mala.

“Cuando llegamos a España –apunta Morrow– buscamos el sol. Pero había tormentas locales por toda la costa, y en Santoña, donde tuvimos que tomar tierra debido a una lluvia cegadora, el Tingmissartoq estuvo muy cerca de resultar seriamente dañado”. “Después de pasar un día en Santoña –continúa el relato de la esposa de Lindbergh– nos pusimos en marcha de nuevo, esperando que lo peor de la tormenta hubiera pasado. Pero nada de eso. ‘¡Tormenta en Vigo!’, nos gritó alguien poco antes de salir, ‘no deben despegar’, sentenció. Mi marido le respondió: ‘Bueno, iremos a ver qué aspecto tiene’. No contento con ver ‘el aspecto que tenía’, decidió acortar el viaje atajando por la esquina de España con Portugal, dejando la costa (...) El techo de nubes bajaba cada vez más mientras seguíamos, a través de lluvia y niebla, un rumbo suroeste zigzagueante. No tenía ni idea de dónde nos encontrábamos, pero cada vez estaba más segura de que tendríamos que acabar aterrizando en la meseta”.

La situación era cada vez más complicada, pero finalmente encontraron un lugar para acuatizar. “Por fin llegamos a un río que se abría paso hacia el oeste por un cañón de varios cientos de pies de profundidad –escribe Ann Morrow–. Supimos que el río nos conduciría inevitablemente a la costa oeste de España o Portugal. Seguimos su curso serpenteante durante media hora, encontrándonos con valles más abiertos. De repente, la niebla bajó hasta el nivel de los árboles y mi marido me hizo una rápida seña y comenzó a girar para tomar en mitad del río. Estábamos volando bastante bajo y tenía 150 vueltas de antena colgando por detrás del avión. Comencé a rebobinar frenéticamente pero no había conseguido recogerla toda antes de posarnos sobre el agua. El contrapeso se soltó, fue la primera vez que perdí uno. Nos desplazamos contracorriente hasta un lugar remansado, al tiempo que desde las dos orillas varias personas comenzaron a remar hacia nosotros. Agarré un diccionario de español y grité, acompañándome con gestos apropiados: “Mal tiempo, Santoña-Lisbon, mal tiempo, no puede Lisbon aquí? ¿Persona inglesia?” (en español en el original). Quizá me entendieran, o simplemente

fue mero sentido común, pero lo cierto es que acudieron al pueblo más cercano a buscar a alguien que entendía el inglés, y que lo hablaba en una extraña mezcla de portugués y neoyorquino. Pero mientras tanto, mi marido había tenido más éxito que yo al enseñar un mapa y hacer que nos señalaran el lugar en que nos encontrábamos. Resultó que estábamos en el río Miño, en la frontera entre Portugal y España, entre los pueblos de Tuy en el lado español y Valença en el portugués”.

Hasta aquí la versión de la esposa de Lindbergh. A partir de ahora acudimos a la crónica del corresponsal de FARO, García Sánchez, y de dos redactores del periódico –Lustres Rivas y Amado– que narran con todo detalle cómo localizaron al afamado

aviador y a su esposa y los acontecimientos que se sucedieron y que a punto estuvieron de provocar la dimisión del alcalde de Tui, Jacinto Fernández Lago, al impedírsele en un primer momento desplazarse en barca hasta el aparato. El hidroavión había acuatizado a las tres de la tarde del lunes 13 en la ensenada de Lapela, situada entre la isla Pequeña y Pozo de Castro, en la parroquia de Fiestra.

“Por fin y en un brazo del río, entre unos árboles, dimos con el aparato de Lindbergh –escriben en el periódico del día siguiente–.

Estaba con los flotadores pegados a tierra y sujeto con un cable a la orilla. Sobre la isla se perfilaban entre la niebla siluetas de marineros portugueses, guardias fiscales y policías”. Los periodistas de FARO siguieron la pista del famoso aviador, que ya se encontraba en Valença, comiendo en el Hotel Valençano. El relato de los hechos –que nada tiene que envidiar a los “Papeles póstumos del Club Pickwick”, de Dickens– combina situaciones divertidas con notas de sociedad que descienden a los mínimos detalles: “La esposa del audaz aviador vestía un mono kaki y una boina marrón”; “pudimos observar que los esposos Lindbergh son sobrios en la comida y ambos abstemios”. Durante la estancia de Lindbergh y su esposa en Valença –que se prolongó casi dos días, hasta la mañana del miércoles 15– fueron agasajados por las autoridades locales y recibieron la visita del cónsul de EE UU en Vigo. El alcalde de Tui le había invitado el día de su llegada a tomar una copa de champán en su ciudad, pero Lindbergh no aceptó porque tenía que volver cuanto antes al aparato. Sin embargo, al retrasar el despegue por culpa de la niebla, los aviadores norteamericanos tuvieron ocasión de desplazarse Tui al día siguiente y visitar la catedral. El acuatizaje de Lindbergh en el Miño despertó tal interés que diversos medios internacionales intentaron ponerse en contacto con él para conocer más detalles de la aventura. Tras dos jornadas intensas de agasajos, el matrimonio Lindbergh emprendió de nuevo vuelo rumbo a Lisboa poco antes de las 11 de la mañana del día 15, entre la expectación y los aplausos de los vecinos de Tui y Valença congregados junto al río.

1 comentario:

  1. Pues mi papá allí estaba y resulta que le impacto muchisimo conocer al aviador. Siempre nos cuenta esa história. Pena que los de hoy ya ni se dan cuenta de quien fue Lindbergh...
    Rosa Mtnez

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